Ya existía el Domingo de Ramos, pero no me parecía apropiado titular de otra manera éste escrito.

Aunque se podría haber llamado "La Tita".


I el Diumenge de Rams comprarà al seu fillol
un palmó llarg i blanc i un parell de mitjons
i a l'església tots dos faran com fa el mossèn
i lloaran Jesús que entra a Jerusalem...
.
La tieta, de Joan Manuel Serrat

Hoy estaba la Rambla en obras, como siempre. Pero llena de puestos de artesanos que hacían palmas y palmones mientras yo pasaba.

Casi se me olvidaba el Domingo de Ramos... y al ver las palmas blancas me acordé.

Y me acordé de mi tita, que sin ser mi madrina me regaló un anillo y unos pendientes el día de mi primera comunión, y que para el Domingo de Ramos me traía la palma y unos calcetines con puntilla de encaje para que estrenase.

Mi tita, que no tenía más hijos que los hijos de sus hermanos...

Mi tita, que me dijo tantas veces que le ojalá que yo fuese su hija, y que si algún día faltase mi madre...

Tal vez por eso me montó una habitación en su casa...

Recuerdo las ganas de llevarme a aquella casa ordenada, limpia, silenciosa, con chocolate en el cajón del pan y cocacola en la nevera. Aunque no fuese domingo ni fiesta de guardar.

Pero recuerdo que yo no disfrutaba ni de la cocacola, porque echaba de menos a mis padres y mi casa llena de ruido, de juegos y de hermanos... sin chocolate y sin cocacola.

Y me ha venido a la mente la canción de mi tita, que no hablaba en catalán...

La Tita
.

La despertara el viento de un golpe en los porticones.
És tan grande y tan ancha la cama... Y están tan frías las sábanas...
Con los ojos entornados buscará otra mano
sin encontrar a nadie. Como ayer. Como mañana.

Su soledad es el fiel amante
que conoce su cuerpo pliegue a pliegue, palmo a palmo...
Escuchará maullar a un gato capado y viejo
que duerme en sus rodillas las largas tardes de invierno.

Hay un Misal dormido encima de la mesita
y un vaso de agua casi vacío cuando se levanta la tita.

Un espejo resquebrajado le dirá "Te haces mayor.
¡Cómo ha pasado el tiempo! ¡Cómo han volado los años!
Como sueños de juventud que se han perdido por las calles
¡Cómo se arruga la piel! ¡Cómo se hunden los ojos!"

.
La portera, al pasar, dibujará una sonrisa:
Es el orgullo de quien tiene a alguien que le caliente la cama.
Cada dia lo mismo. Cogerá el autobús
para trabajar en el despacho de un abogado gandul,
.
con quien en otro tiempo ella se hacía la estrecha.
De éso hace tanto ya... Ni se acuerda la tita.

La que siempre tiene un plato cuando llega Navidad.
La que nadie querrá si un buen día se enferma.
La que no tiene más hijos que el hijo de su hermano.
La que dice: "Todo va bien". La que dice: "Es igual".

Y el Domingo de Ramos le comprarà a su ahijado
un palmón largo y blanco y un par de calcetines
y en la iglesia los dos, harán cómo el cura
y alabarán a Jesús que entra en Jerusalem...

Le dará veinte duros para abrir una libreta:
"hay que ahorrar los dineros, hijo mío,

como siempre ha hecho la tita".

Y un día se morirá, más o menos como todos.
Se la llevará una gripe al agujero hondo.
Pero ya habrá pagado el nicho, el ataúd,
los salmos de los curas, la misa de difuntos

y las flores que habrá el día de su entierro;
son cosas que a menudo olvidamos la gente,
y hacen tan bonito las flores con lazos negros colgando
y detrás, unos amigos, descubiertos hace un momento

y una esquela que dice:

.

"Ha muerto la señorita.
Descanse en paz.

Amén".

Y olvidaremos a la tita.

Mia tita un día se cansó de vivir y decidió irse de este mundo por su propia voluntad.

Seguro que ahora está en otro de los mil mundos posibles.

Y seguro que en ése mundo de los mil mundos posibles, la tita lleva a bendecir la palma el Domingo de Ramos...

Descansa en paz, tita...

Nos acordamos de tí.