La primera vez que leí "El Principito" tenía unos 12 años.

Doce años son muy pocos.

Tal vez por eso lo que más me llamó la atención fué cuando Saint-Exupéry no acertaba a dibujarle al pequeño príncipe aquel cordero que el Principito le pedía.

El primero estaba muy enfermo.

El segundo tenía cuernos.

El tercero era tan viejo...

Y entonces Saint-Exupéry le dibujó una caja. Dentro estaba el cordero.

Y era sencillamente perfecto.

Y me he acordado muchas veces en mi vida de ésa caja.

Lo he leido muchas otras veces después de aquella primera vez.

A veces abro una página cualquiera, y me pongo a leer,

Hoy he leído ésto:


- ¿Qué significa "domesticar"? -volvió a preguntar el Principito.

- Es una cosa ya olvidada -dijo el zorro-, significa "crear lazos... "

- ¿Crear lazos?

- Efectivamente.
Verás -dijo el zorro-.
Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos.
Y no te necesito.
Tampoco tú tienes necesidad de mí.
No soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes.

Pero si me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro.
Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo...




Y me encanta...