No me hubiese acordado de ésta historia, de no ser por Mariano.
Gracias, usted!



Han puesto una librería
con los libros muy baratos,
con los libros muy baratos.
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Con un letrero que dice.
"Aqui se vende barato"
"Aqui se vende barato"

Canción popular

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Con esta cancioncilla se burlaban de mí mis hermanos, cuando les decía que quería ser librera, "y si no, bibliotecaria".
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"Librera... ¿túuuuuu?"
Y me miraban con esos ojos superlativos con los que miran los hermanos mayores. "¡Anda ya! Si cuando te da el avelunto no callas"
El famoso avelunto
de la Trasto.
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La verdad es que no he escuchado a nadie, pero a nadie que llame avelunto a la libertad de expresión oral y corporal, fuera de mi familia.
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Es que en mi casa éramos cinco hermanos.

Yo, la menor, por eso era aveluntera y jaranera por genética.
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Y no conocí el silencio hasta la avanzada edad de siete años. Recuerdo que tenía ya los siete porque estaba mellada de las paletas... De las dos.
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Recuerdo que fué en la biblioteca del barrio. Me mandó mi madre, cuando me quejé de que no podía leer mi cuento de Heidi.
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Y cuando entré... shhhhh... allí estaba. .

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El silencio.
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Busqué mi sitio en la mesa del fondo, justo al lado de la estantería donde vivía Tintín, que era vecino de Astérix, del pato Donald, de los Aristogatos, de Peter Pan y de Los Cinco (bueno, los Cinco vivían una estantería más allá, con las Hermanas O'Sullivan).

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Y allí, cada tarde me dejaba envolver por el silencio. Y mientras, el silencio, calladito, me iba enamorando...
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Por aquellos entonces conocí a Paco.
Paco era pintor, y también hacía collares y pulseras, y contaban en el barrio que habia sido hippie en Ibiza.
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Paco vendía libros y revistas, y exponía sus cuadros en su pequeña librería donde no cabían más de cuatro personas, con su pequeño escaparate, que olía a papel y a incienso, y que no vendía demasiado...
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Yo era capaz de pasarme allí horas, mirando libros y pulseras, oliendo las cajas de lápices de colores y las gomas de nata, mientras mi hermano el Capitán hablaba con su amigo Paco.
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Con los años, como no le daba de comer, Paco la cerró, y se volvió a ir con los hippies, que por aquellos entonces ya habían integrado en el mercado, y se llamaban "artesanos".
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Y ya se lo conté a Mariano, que cuando ví la película "Tienes un email", cuando la librería grande casi se come a la librería chica... me caían unos lagrimones como puños, aunque no sabía por qué.
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Ahora ya me acuerdo...
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Yo soñaba con que algún día tendría una librería, tan pequeña como la del Paco...
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No se donde se quedó mi sueño.
No sé en que momento le perdí de vista, y le olvidé.
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Pero creo que era muy parecido a ésto.