Todos nacemos con un préstamo de lágrimas que deberán ser devueltas algún día.

Lo dijo alguien, alguna vez.

No se sí las lágrimas estarán contempladas en el Nuevo Plan General Contable.

Ni si suman a gastos o restan de ingresos.

Ni si se amortizan o computan para el Impuesto de Sociedades.

Ni siquiera sé si van al activo o al pasivo.

No me importa.

Pero no me sacudas hoy, que estoy llenita de lágrimas.

Y si se me escapa alguna, me va a descuadrar la caja.