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Y cómo se aburría, le dijo:
- ¿Te gustan mis pies?
- No particularmente...
- ¿Por que?
- Porque son pies. Unos pies son unos pies.
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Y así descubrió su lado más sinceramente práctico.
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Y cómo estaba con la moral caída, le dijo:
- ¿Te gustan mis pies?
- Si, me encantan.
- ¿Por que?
- Me parecen los pies más bonitos que he visto nunca.
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Y así descubrió su lado más evidentemente embustero.
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Y cómo quería mimitos,le dijo:
- ¿Te gustan mis pies?
- Si.
- ¿Por que?
- Porque parecen edredoncitos... aunque siempre estén fresquitos.
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Y así descubrió su lado más empalagosamente Flanders.
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Y cómo quería algo más que mimitos, le dijo:
- ¿Te gustan mis pies?
- Me encantan, pero...
- ¿Pero qué?
- Tendría que vérmelos puestos, ahora de collar, luego de cinturón, luego otra vez de collar, de cinturón, collar, cinturón... uffff... con el cierre en la espalda, por favor.
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Y así descubrió su lado más sensualmente canalla.
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Y cómo no tenía nada mejor que hacer,le dijo:
- ¿Te gustan mis pies?
- Me gustan...
- ¿Por que?
- ... mira los míos.
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Así descubrió su lado más enervantemente autocomparativo (¿o era autocompasivo?)
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Y de todas las posibles respuestas a la absurda pregunta de:
- ¿Te gustan mis pies?
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La única respuesta que quería oir era:
- Si, porque son tuyos.
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