Ando días pensando en que seguro que hay un motivo.
Siempre hay un motivo para las cosas.
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¿Por qué se me "arremolinan" en la cabeza los versos de ocho sílabas?
Tiene que ser por algo.
¿Por que soy capaz de pensar infinidad de cancioncillas y todas me dan ocho?
En serio, me salen solas, como en una rebujina, como champiñones, una detras de otra.
Absurdillas, de rima facilona, tonticas y encarrilás.
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Y creo que he encontrado la respuesta. No estaba tan lejos.
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Y es que una se mira las ramas, y las hidrata con body milk para que estén de buen ver y de mejor tocar.
Pero a veces las razones están allí, dónde no se ve, en las raíces, que no son más que las ramas que no quieren estar muy a la vista, son vergonzosasy por eso se esconden debajo de la tierra, y casi nunca se hidratan... ni se tocan.
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Los verdiales.
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Ésa puede ser la razón.

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El cante antigüo campesino, sé que se llama Verdiales. Lo conozco desde... no sé. Creo que desde siempre.
Pero sé poco más.
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Me voy al google y me dice que es un cante muy básico, sin influencias flamencas, porque es uno de los cantes más puros y más antigüos.
¡Treinta siglos dice que tiene el cante!
¡Tres mil años!
¡Ahí es nada!
¡Y con versos de ocho sílabas!
¡Toma!
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Pues... debió suceder hace algunos años. Seguramente Mientras yo leía "Esther y su mundo".
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Voy a intentar centrarme en el momento..
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El ruido ambiental...
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... el del trajín de la casa, el alboroto de las golondrinas del patio, las peleas de mis hermanos, mi madre en la máquina de coser, el runrún del furgón de la lechería, el tractor de Florencio, el grito de "ha llegado el meloneeeeero", el silbato del afilaor y la sartén de la vecina friéndo pescao en el patio contigüo...
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Debió pasar mientras leía y escuchaba a mis padres, a mi abuela, a mis tíos, a los paisanos que venían a casa que hablaban de Juan Valderrama, de la Niña de los Peines, de Pepe Marchena, la Niña de la Puebla, Molina, Perlita de Huelva, Camarón... y yo sin saber quien era cada uno de ellos.
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Debió pasar mientras estando yo en "mis cosas" escuchaba a mi madre, que estando en "sus cosas", iba cantando coplillas.
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Otras veces era mi padre el que lo silbaba, o me cantaba por lo bajini... casi hablando:
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Málaga tiene tres cosas
sin punto de comparación
su Parque siempre con rosas,
su bella Costa del Sol
y las niñas más hermosas.

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Reconocería el silbar de mi padre entre cualquier otro silbar.
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Y yo, con pocos años, lo escuchaba todo, me bebía cada coplilla con el corazón poroso como una esponja, abierto de par en par.
Y así se me ha quedado.
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Ea!
Pues ya está.
Y una que se cree la moderna modernísima... y está rimando cómo se rimaba hace treinta siglos!
¡Ay madre!
Lo que son los cromosomas y la genética ancestral, que predispone para las rimas de a ocho.
¡Pues nada!
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¡Vivan los verdiales de colores que viajan sin papel que los recoja, de boca en boca, de padre a hijo, por los siglos de los siglos!
Que visquin les meves dues terres (la de arrel i la de branca) i totes les seves cançons!
¡Que vivan "Las Aventuras de los cinco" y los seriales de las tardes de verano!
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Y hay quien sale por peteneras ¿no?
Pues hoy, yo salgo por verdiales.