Corre, corre, corre...

Tengo que hacer las cosas deprisa.

Intento planificar, sacar unas horas de cada día para mirar a la gente que se cruza conmigo por la calle.

Pero los dias se atropellan unos a otros, sin permitirme ni siquiera pararme a disfrutar de esas pequeñas cosas que le dan sentido a lo que no lo tiene.

Al llegar la noche siento que otra vez se me fué el día y no disfruté el camino.

Pero mañana es domingo, y mañana yo seré una tortuga.

Me levantaré tarde, y no me ducharé, porque las tortugas no se duchan.

Me tomaré un café con leche sentada en el sofá.

Me fumaré un pitillo... o dos... o tres... despacito.

Me vestiré tranquila, sin prisas, y me miraré en el espejo mil veces antes de que mi perro me saque a mí de paseo.

Iremos a donde el le de la gana.

Le dejaré hacer pis en cada esquina, en cada árbol...

Compraré el pan y El Periódico.

Y como una tortuga encenderé el CD... escucharé, sin prisas... intentando disfrutar y conocer el camino.



La tortuga sabe más del camino que la liebre.