A veces se me olvida
que nadie puede saber lo que pienso
si no lo traduzco en las palabras correctas.

Pero no puedo evitarlo.

Por eso sigo esperando
un vaso de leche y un ibuprofeno,
sin haberte dicho que
me duele un montón la cabeza...

¿Me podrás perdonar?

Estoy

tan

tan

tan

c

a

n

s

a

d

a

.

.

.